martes, 15 de noviembre de 2011

Ensayo


¡Estoy en Pañales…!
Por: René Sergio Fuentes Chávez

Introducción.

Recuerdo el comentario de mi Maestra: “¡ah! usted vincula la teoría y práctica”. Esto fue el primer día de clases de Aprender Siendo, Ser Enseñando,  cátedra asignada a la Licenciada Sandra Patricia Rodríguez, (1) en la Maestría      en Docencia Universitaria de la Universidad Modular Abierta, en los primeros minutos, al realizar el esbozo de mi quehacer profesional de Abogado y como Facilitador de Derecho Procesal Penal de la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales  en  la  misma  universidad.
La Licenciada Rodríguez se refirió, probablemente, al hecho de transmitir a los estudiantes que cursan aquella materia, las experiencias que mi persona ha obtenido en la litigación judicial, ya que durante dicha presentación, entre otras cosas dije que ejerzo la abogacía en casos penales y civiles ventilados en el Órgano Jurisdiccional.
Siempre he pensado que vincular la teoría y la práctica es bueno, magnífico diría ahora. La asignatura -Derecho Procesal Penal, ínfima parte, pero de gran importancia en el derecho en general- que sirvo como Facilitador, en la cual, de manera particular y fervientemente creo necesario, que el docente tenga al menos un mínimo de práctica en el campo y ejercicio profesional y no sólo el conocimiento teórico-doctrinario de dicha rama del derecho.

(1) Licenciada en Ciencias de la Educación, Maestría en Docencia Universitaria, Coordinadora   Técnica del MINED en Gestión Educativa, Asesora Pedagógica, entre otros.

Es que, en razón de que el estudiante del nivel en el que se encuentra tal asignatura en el currículo de Licenciatura en Ciencias Jurídicas, constante y férreamente replica sobre el requerimiento no sólo de la exposición doctrinaria mediante la cual se explican conceptos, instituciones, instrumentos y hechos jurídicos, entre otros, a la luz o amparo de ilustres tratadistas o jurisconsultos  como se les denomina -especialistas del derecho- si no también, de las actividades procesales y/o procedimientos para operativisar una serie de situaciones.
Con relación a esas actividades procedimentales que les inquieta conocer y es de hacer notar que son también de capital importancia para un futuro desempeño en su carrera profesional, están, entre otras: a)  forma de actuar;  b) reglas de comportamiento forense; c) manejo, ofrecimiento e incorporación del tema de prueba en proceso penal; todo eso, vinculado en el campo del ejercicio de la profesión de Abogado y en el escenario jurisdiccional al cual aspiran arribar.
Este requerimiento tiene lógica, además es una actitud positiva y a la vez, un derecho de los estudiantes, porque de todos es conocido que en una sociedad como ésta que distribuye bienes y servicios, es decir, lo que podríamos llamar capital material, también distribuye y legitima ciertas formas de conocimiento, prácticas lingüísticas, valores, estilos, por mencionar algunos.
Es decir, los aspirantes a Abogados se perfilan hacia la integración y realización a la vida social y productiva, que hoy en día se da por medio del trabajo y la que revela si los aprendizajes que las personas han realizado verdaderamente fueron pertinentes o no; por eso, que como parte de ello, hoy se habla de desarrollar competencias en el estudiante, lo cual condiciona a que de cara a una inserción socio laboral temprana y promisoria en el desempeño profesional con alto nivel de calificación, es en esta etapa de su vida también desarrollen actitudes positivas ante el aprendizaje permanente.

En ese orden de ideas,  es de recordar sobre este asunto del desarrollo         de competencias en los estudiantes, aquello de los denominados cuatro   pilares de la educación: a) Aprender a conocer; b) Aprender a hacer; éste, relacionado específicamente con la noción de calificación a la de competencia; c) Aprender a vivir; y, d) Aprender a ser; mediante los cuales se define los objetivos centrales para la educación del futuro, de acuerdo al reciente informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación (CIE) para el siglo XXI. (2)
Pues bien, volviendo al asunto, es decir, aquel al que muchos pedagogos denominan las “aptitudes del docente”, y que en relación a ello, muchos doctos, establecen como parte de esas “aptitudes” es que el docente debe conocer la disciplina en torno a la cual trabaja, para que tenga un buen desempeño;  pienso, que no es suficiente, el docente también debe tener conocimientos pedagógicos y de didáctica, pues como dijo Petrovski (3) “La actividad pedagógica es uno de los ámbitos más complejos del trabajo humano.”,  ¡esto, sí lo comparto! -aunque él lo sostuvo en el contexto y bajo el marco de pleno desarrollo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-.
Tal afirmación, a mi entender es rescatable y vigente, de lo cual, cada día que pasa y me entero de algo nuevo al respecto, adquiero mayor conciencia del asunto; es decir, no es suficiente ser experimentado –no significa que yo lo sea, por que estoy en continúo aprendizaje, nadie es perfecto, pero si perfectible, es decir,  seguiré adquiriendo experiencias- en materia de derecho y es obvio, en el contexto educacional, ámbito, para el que, probablemente, no estoy totalmente preparado, es por ello que cada vez adquiere mayor importancia la necesidad y búsqueda constante de capacitación en dicha área.

(2) La Educación encierra un Tesoro, Delors, Jacques. Ediciones UNESCO.
(3)  Petrovski, Psicología Evolutiva y Pedagógica, 2ª Edición, Editorial Progreso Moscú, 1985, Pág. 352, p. 326.

En el transcurso de la clase, ahora, y, posiblemente, el resto de mi vida, esteré en permanente reflexión, porque, indudablemente, esto del saber filosófico y del saber pedagógico en relación con la Filosofía de Educación, el ejercicio docente y el proceso de enseñanza-aprendizaje, es un vasto territorio, que al echarle una mirada, muchas veces me ha parecido que es como el horizonte inalcanzable; sin embargo, debo continuar con empeño, reflexionando sobre lo maravilloso que es el saber, y, mientras pueda, siempre hacia delante.

El saber, el conocer y el conocimiento.

Normalmente, saber, es lo relativo a la sabiduría, ciencia, cultura, doctrina, erudición, omnisciencia; el conocer, de forma general, alude al ser competente para juzgar -en el sentido del uso de la razón- sobre una o varias cosas que atañen a un asunto; y el conocimiento,  al entendimiento, inteligencia, sabiduría y experiencia.
Sin embargo, el conocimiento, en términos filosóficos, se vuelve, sin duda alguna, en un problema complejo, ya que el filósofo debe llegar a determinar, de la manera más estricta posible, qué es lo que el hombre y la mujer pueden saber y cómo pueden llegar a saberlo. En este punto, surge la corriente  denominada dogmatismo.
El dogmático, según averigüé, es aquel que piensa que su cocimiento sobre las cosas, sobre el hombre y la mujer, sobre la sociedad y sobre la historia tiene un carácter obsoluto y definitivo. El dogmático se caracteriza por no admitir opiniones contrarias a la de él; es decir, lo que éste ha llegado a saber es incontestable: “una persona puede conocer toda la realidad de un modo totalmente cierto que no deja lugar a duda; hay una serie de verdades que todos deben admitir”, según piensa el dogmático; y, quien no lo hace, o es un ignorante o es una persona mal intencionada.
Estas posturas dogmáticas, según los expertos, tienen no solamente el error filosófico, que es evidente, si no también y sobre todo el hecho que generalmente van unidas a actitudes profundamente intolerantes; es decir, aquel que piensa que ya posee la verdad absoluta y la explicación satisfactoria para todo, despreciará e incluso pretenderá eliminar a quienes piensen de modo diferente.
La filosofía generalmente no es dogmática; bueno, el propio sentido de la filosofía, pienso, es estar histórica y permanentemente en oposición al dogmatismo, ya que, si bien, el dogmático puede tener muchos conocimientos sobre éste o aquel asunto, puede ser incluso un científico prominente, pero lo que el dogmático ignora es justamente lo que no sabe; es decir, precisamente lo que él desconoce es que el conocimiento humano tiene límites, que es histórico y contingente y que por lo tanto, ninguna persona ni ninguna doctrina puede pretender haber agotado toda la sabiduría humanamente posible.
De cara al dogmatismo, la filosofía significa ante todo un cierto llamado a la modestia –soy experto/a, soy especialista en éste o aquel  asunto- dicen algunos/as y la filosofía no se entiende así como “sabiduría” si no más bien como “búsqueda o amor por la sabiduría”. Un filósofo debe ser un modesto buscador del saber. Por eso a través del la filosofía del conocimiento es como se puede mostrar cuáles son los límites y condicionamientos históricos o coyunturales de un o una determinado/a pensador/a.
Existe gran cantidad de ciencias denominadas positivas que se encargan del conocimiento desde su propia perspectiva, como la psicología del aprendizaje, la psicología de la inteligencia, la neurología, por mencionar algunas de esas disciplinas científicas, que de un modo u otro se enfrentan al problema del origen  del conocimiento humano, de su base biológica, de sus posibilidades, del alcance, las formas y los límites de la capacidad cognoscitiva del ser humano.
La filosofía, como dice Aristóteles, nace de la admiración y es que el conocimiento humano es fuente de admiración y de sorpresa para el filósofo; admiración de gran capacidad humana para escudriñar el universo entero, es una admiración de enorme diferencia entre la inteligencia del humano y cualquier otra forma de conocimiento desarrollada por otros seres de la tierra, de la diversidad de ideas que se han dado a lo largo de la historia y que siguen y seguirán dando luz.
Al filósofo no le es suficiente las respuestas provenientes del saber popular ni de las ciencias positivas, por que el saber popular no le proporciona respuestas coherentes ni suficientemente críticas sobre el conocimiento del ser humano; en cambio, el saber científico le proporciona al filósofo, sin duda alguna, datos muy importantes sobre los mecanismos del conocimiento, sobre la base biológica de la inteligencia, sobre el origen evolutivo de la misma. Pero el filósofo al tener todos esos datos, tiene que plantearse una nueva cuestión no científica.

El conocimiento científico y la práctica humana

Al aludir a la inteligencia, los expertos aseguran que aquella  tiene un carácter predominantemente activo, es práctica, es decir, la relación del ser humano con el mundo es práctica; pero esto, de alguna forma viene a contradecir la imagen de la ciencia como actividad desinteresada, ocupada solamente en la búsqueda de la verdad por la verdad; de ahí que, algunos ideólogos de la ciencia, sobre todo en el campo de la investigación, pretenden no intervenir supuestamente para nada en el mundo, si no sólo describirlo objetivamente.



Por ello, sus actividades tanto en las ciencias sociales como en las naturales, serían puramente teóricas, contemplativas, neutrales y las consecuencias técnicas de sus conocimientos serían simples aplicaciones indirectas y no perseguidas por ellos en cuanto  a ser buscadores del punto saber.

El saber filosófico

Sobre este tema, igual de complejo, se toma como base el saber en relación a la acción, pero encaminada a un elemento importante que deriva del  factor ético y de la moral que es la virtud de la prudencia y con vínculos como la relación práctico-prácticas.
Estos conceptos son enunciados por Santo Tomás de Aquino, quien al referirse al saber, plantea cuatro tipos de sabiduría, él dice “el sabio debe ser ordenado por sí mismo”. La primera de las sabidurías, no ordena nada por que atiende a un orden “la razón humana” y esta viene dada por la “razón divina”.
El segundo saber es relativo a lo racional, corresponde a la Lógica, destinada a ordenar la misma razón. La moral es la tercera sabiduría y es para que se ordenen los actos de la voluntad a través del uso de la razón y el cuarto saber relacionado con las artes productivas, a fin de que la razón ordene las cosas externas.

El saber pedagógico

La PEDAGOGÍA; filosóficamente definida como la ciencia del espíritu; la ciencia cultural; es además, según los expertos, una técnica que acumula procedimientos para el hecho educativo. El saber pedagógico pertenece al ámbito práctico, en consecuencia la pedagogía es una ciencia práctica y no especulativa, es decir, se encargará que la educación se lleve a cabo.
La educación, que es el objeto de estudio de la Pedagogía, es pues un femeno que puede asumir las formas y las modalidades más diversas, según sean los diversos grupos humanos y su correspondiente grado de desarrollo; pero en esencia es siempre la misma cosa, esto es, la transmisión de la cultura del grupo de una generación a la otra, merced a lo cual las nuevas generaciones adquieren la habilidad necesaria para manejar las técnicas que condicionan la supervivencia del grupo.

Conclusión

El análisis del rol de los docentes en este momento de profundos cambios sociales, pone de manifiesto la enorme complejidad de los problemas y la necesidad de enfrentarlos con estrategias sistémicas de acción.
Con todas las limitaciones, debemos hacer esfuerzos, muchas veces extraordinarios para podernos capacitar y buscar estar a tono con las nuevas tecnologías y su utilización, no debemos sentirnos defraudados y seguir adelante, especialmente los que ejercemos la docencia en educación superior.
Es importante por ello,  buscar los beneficios que podemos apreciar  de la capacitación a través de un blog interactivos, es decir, la utilización de un nuevo espacio (virtual), distinto a la sala de clases tradicional, lo cual es más llamativo para los docentes y lleva el aprovechamiento del tiempo, puesto que los profesores pueden trabajar y autocapacitarse convenientemente; beneficios que se pueden apreciar también es este modelo de capacitación por la interacción no necesariamente presencial entre participantes que constituyen la capacitación.

San Salvador, noviembre de 2011
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René Sergio Fuentes Chávez, estudiante de la asignatura Aprender Siendo, Ser Enseñando, Maestría en Docencia Universitaria, Universidad Modular Abierta. Ciclo 2-

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